- ¿Es necesario que nos sentemos en primera fila?
- No hay de otra.- le contesté a mi sudorosa
hermana. El miedo y las glándulas sudoríparas no deberían mezclarse.
- Puedo ver las vías. Esto no me gusta nada.- el
bicho de la seriedad la picó-. Podríamos morir.
Levanté las cejas en señal de burla. No puedo creer que
tenga una hermana tan miedosa.
- Por favor Sofía. Destino Final 3 es solo una
película. Una muy buena si me preguntaran mi opinión.- Así es, ese fue mi
intento de consuelo. Déjenme intentarlo otra vez-. Tranquila no te pasará nada.
Solo faltaba que le acariciara la cabeza y le diera un beso
en la frente para convertirme en la viva imagen de mamá.
Sofía estaba abrigada, aun así podía verla temblar de pánico
como un pollo en un KFC. Cuando salgamos comeremos un balde familiar de pollo
frito.
El encargado nos avisó que estaba listo para iniciar el
viaje. Omití “El viaje al infierno” porque sonaba muy tétrico.
Los vagones tenían el rostro del diablo o de la imagen que
todos tenemos del diablo en nuestras cabezas. Unos ojos rojos, con unas venas
muy detalladas, a mí me daba la impresión de que tenía conjuntivitis.
Una sonrisa de Guasón que se salía de su cara. Toda la cara
estaba pintada de un rojo más oscuro, para diferenciarlo de los ojos. A nadie
le asustaba un demonio ciego. El encargado de diseñarlo se esmeró en la nariz y
lo convirtió en un diablillo mentiroso.
Los vagones comenzaron a moverse lentamente hasta un camino
empinado.
Estábamos subiendo.
Parecía que íbamos a hacer la primera parada en el cielo,
cosa irónica debido al tema del juego.
Sofía me dio un abrazo rápido. Lo comprendo, debe ser
incomodo abrazar a la persona de al lado cuando tus piernas están aprisionadas
por el soporte de seguridad.
Las dos vimos la curva entre la subida y la bajada. Nos
pusimos nerviosas. Sin embargo yo tenía que mantener la calma porque era la
mayor.
Bajamos a la velocidad del sonido elevado al cuadrado. Y
grité como si tuviera pulmones de hierro. Sofía también gritaba pero no era
competencia.
Ni para mí.
Ni para los otros pasajeros que también gritaban
emocionados.
Al bajar los vagones van por un camino circular, de los tres
que tiene el juego. Los gritos no cesaron.
Al pasar por los tres círculos, que dejaron mi cabello hecho un desastre
y mis nervios en constante alerta. Había un camino que parecía un cerro
pequeño. De lejos la parte más “relajante” de todo el juego. Luego dábamos una
vuelta a la izquierda por un camino nada uniforme que nos regresaba al punto de
partida.
Son tres vueltas.
Cuando terminamos la primera vuelta vi la puerta, que tenía
enormes colmillos de plástico. El vagón descendió la velocidad pero apenas
cruzamos dicha puerta la velocidad aumentó considerablemente.
Sentí nauseas al ver que todo volvía a empezar.
En la segunda fue más difícil mantener el contenido de mi estómago
dentro.
Me tragué el vómito.
Para la tercera vuelta fue imposible. Mi playera estaba
manchada de saliva.
Maldición.
Mi última cena estaba a punto de salir.
¿Alguien quiere un poco de pan con mermelada recién
procesado?
Los corazones de los encargados del juego crecieron tres
veces su tamaño normal (ojalá sea terminal). Nos detuvimos al finalizar la
tercera vuelta.
Dieron el anuncio.
Todos aplaudieron, bañados en alegría. Nos pusimos en
movimiento.
De tres pasamos a cinco.
Sofía tuvo que ayudarme a bajar. Ya no estaba pálida.
Alguien estuvo añadiendo filtros en mi cara coloreándola de un azul mutante.
- Baño.- dije
No podía creer lo débil que sonaba. Aun así un par de
personas se acercaron y nos preguntaron si estábamos bien.
- Yo estoy bien pero mi hermana…
Mis movimientos también eran débiles pero me enteré de que
debía vomitar. Y cuando una tiene que vomitar es preferible hacerlo en el baño.
Si el cuerpo jode y una termina haciéndolo en el suelo le provocaría problemas
al conserje, que ya quería acabar su turno e irse a ver el nuevo capítulo de su
telenovela favorita.
El mismo baño, el mismo retrete, vomité hasta la leche
materna.
No necesito hacer más descripciones.
No quiero hacer más descripciones.
Para quitarme el mal sabor de boca me habré bebido de tres a
cuatro galones de agua. Salí mareada del baño.
Ver a Sofía salar me provocaba nausea.
Me recordaba a mí misma cuando tenía cinco años. Cuando
había probado el café por primera vez.
- Fue increíble.
Toda la experiencia resumida en una sola palabra.
¡Esperen!, Sofía todavía tiene más que decir.
- Fue increíble, grandioso, maravilloso,
excepciona,…- Y así veinte sinónimos de todas las formas y tamaños.
Yo asentí desganada. Estaba feliz por mi hermana, en serio
lo estaba.
Me alegra. Conmueve mi corazón. Pero también estoy tan
mareada.
- Quiero subirme a otro juego.- me dijo sin dejar
de saltar.
- ¿Otro juego?
Esos “sis”, sumados con sus saltos interactivos hicieron que
se me helara la sangre.
- A ese.
Sofía señaló una atracción que parecían los restos de una
nave espacial.
Eran cuatro círculos de color rojo unidos a un armazón.
Parecía el caparazón de una tortuga. Estaba lleno de foquitos, de luces
intermitentes de varios colores que llamaban, hipnotizantes, a varias personas hambrientas de emociones
fuertes.
Entre ella Sofía y yo.
- Es un juego que gira, gira, gira y gira y sigue
girando por diez minutos.
Demasiados giros no le harían ningún favor a mi salud física
y mental.
Puse una cara de abogado tramposo. Esto confundió a Sofía
pero mantuvo su atención hacia mí.
- Hagamos un trato. Tú escoges un juego, luego yo
escojo uno. Y así hasta que se nos acabe el dinero.
Sofía aceptó y nos dimos la mano.
- Me toca.- dijo ella.
- No, me toca a mí.- le respondí con toda la
confianza de este y otros mundos.
- La montaña rusa la escogiste tú.
Mierda.
- Pero, pero,…-el terror había invadido mis
entrañas.
La mitad de mi peso debió haberse ido por el desagüe.
Esa es la única explicación que pude conseguir. Cuando Sofía
agarró mi muñeca me arrastró con suma facilidad. Como si fuera un
espantapájaros al que no le llenó de suficiente paja.
Comenzamos con un movimiento lento. Esto no me llenó de
ninguna esperanza. Esto no sería una experiencia calmada. Sé que el juego irá
más rápido, tan rápido que mandará mi cuerpo volando para hacerme una con la
poca naturaleza que hay.
O sea que me convertiré en comida para pájaros.
Sofía estaba emocionada.
El juego giró más rápido.
Muy rápido.
Demasiad rápido.
A mí alrededor el parque se había convertido en un collage
de pinturas abstractas que solo un experto en arte podría entender.
Los colores olían raro. Podía ver el sabor de las palomitas
que se vendían cerca del este instrumento de tortura medieval al que llamaban
atracción.
Los colores se mezclaban pero sin llegar a ponerse de
acuerdo en que color querían convertirse. Las figuras perdían su consistencia.
No sabía dónde comenzaba una persona y terminaba un puesto de manzanas
acarameladas.
Sofía y los otros pasajeros gritaron con emoción y pasión.
Con el torrente sanguíneo lleno de adrenalina. Mis odios no deben estar
funcionando del todo bien porque los escuchaba como si fueran robots
provenientes de un futuro cercano.
Digo “cercano” porque hace unos días vi en las noticias que
unos japoneses habían inventado un robot con los pezones sensibles.
El juego terminó. Gracias a Dios que terminó.
El cinturón regresó a su lugar de origen.
Levanté mi playera con algo de vergüenza y disimulo. Una
marca en diagonal, roja como una manzana, resaltaba en mi barriga.
- ¡Fue divertido!
No dije nada.
Al salir del juego mis pies se enredaron y caí de cara al
suelo. No puedo creer que haya gente que coma tierra si sabe tan horrible.
- Debería tener más cuidado.- me aconsejó Sofía.
Mi forma de agradecerle por el consejo fue agarrándola de su
polo deportivo y acercando su cara a la mía. Parecía que estábamos a punto de
darnos un besito esquimal.
Mi cuerpo débil y mareado no me facilitaba una tarea que en
otros tiempos era sencilla.
Ahora mismo solo tengo la excusa de: “Estoy haciendo lo que
puedo”.
Nuestros ojos (del mismo color) se juntaron. Mi repentina
actitud no provocó nada en Sofía, sin embargo mis ojos desorbitados llegaron a
sorprenderla. Es como si cada uno quisiera ir por su lado y vivir sus propias
aventuras.
Fui directa para evitar este incomodo momento.
Solo dos palabras.
- Mi turno.
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